Discos que nos han gustado (especialmente) del 2011

Como podéis ver, aquí en Vilanoise no hemos llamado a esta lista “Los mejores discos de 2011”. Esto es así porque, a diferencia de otros, nosotros no hemos escuchado TODOS los discos que se han publicado este año. Tampoco contamos con un sistema de valoración 100% objetivo para puntuar los discos del uno al diez, con decimales. Ni siquiera podemos viajar al futuro y volver para corregir las notas de los discos, ya que todo el mundo sabe que los discos buenos de verdad ganan con el tiempo. Bueno, vale, en realidad sí que hemos hecho todo esto. El problema es que los 25 mejores discos que nos salen así son de grupos norcoreanos semiclandestinos, extrañas grabaciones sólo disponibles en arcaicas cintas magnetofónicas, prácticamente imposibles de encontrar en el mundo occidental (excepto para nosotros, claro está). Por eso simplemente vamos a hablar de discos que nos han gustado, que recomendaríamos y que pensamos que nos gustaría recordar de este 2011. Hala, ahí van:

Atlas Sound – Parallax

Como Messi en la gala de los balones de oro, Bradford Cox aparece puntualmente en este tipo de listas cada año, ya sea en solitario como Atlas Sound o con su banda Deerhunter, y nos deja otro puñado de buenas canciones, otra muestra de su habilidad sobrenatural para meter efectos y reverberaciones y que siga sonando orgánico. Atlas Sound sólo suena a Atlas Sound, indietrónica de domingo por la tarde en pijama, Animal Collective con tres trankimazines en el Cola-Cao.

El Columpio Asesino – Diamantes

El grupo con uno de los directos más brutales de este país nos vuelve a traer esa bipolaridad que tanto nos gusta, plasmada en esos temas macarras por un lado (Toro, On the floor), y en esos medios tiempos que se quedan repitiéndose una y otra vez en tu cabeza por otro (Perlas, Dime que nunca lo has pensado, mgmt).

Girls – Father, Son, Holy Ghost

Como ya os contamos aquí, Chris Owens doma a sus demonios en este disco intimista, consiguiendo sonar clásico y único al mismo tiempo.




P. J. Harvey – Let England Shake

La buena de Polly Jean se marca este pedazo de disco en el que derrocha personalidad y talento en cada uno de los temas. El album que le hubiera gustado sacar a Björk si fuera MUY inglesa y se dejara de esas cosas rarunas de artista multimedia (decir “Björk” mola, ¿eh?).




Metronomy – The English Riviera

El grupo de Joseph Mount nos dejó una colección de temazos de los que ya hablamos en su momento : lujo ochentero casposo, inglés y divertido como pocos.




Summer Camp – Welcome to Condale

Si Metronomy tiran hacia lo retro, lo de Summer Camp es obsesión pura y dura, pero con canciones como Brian Krakow, I Want You, Done Forever o Better Off Without You y con efectos ochenteros como nuestro favorito, el efecto “estoy golpeando una tubería de PVC con otra tubería de PVC”, casi nos dan ganas de ponernos a bailar entre hombreras, maquillajes imposibles y estampados locos. ¡Venga, todos a la pista!:

I Break Horses – Hearts

Este dúo sueco nos sorprendió por su descaro a la hora de ponerse referentes, nada más y nada menos que My Bloody Valentine y The Jesus and Mary Chain. Dadas las circunstancias, consiguieron salir bastante airosos y nos dejaron las inmensas Winter Beats y Hearts.



J Mascis – Several Shades of Why

Mascis nos demuestra que detrás del ruido de Dinosaur Jr hay canciones en mayúsculas (o sea: CANCIONES), capaces de apoyarse casi únicamente en una guitarra acústica y en su voz medio rota, como en Listen to Me, Several Shades of Why, Very Nervous and Love o este Not Enough tan folkie:

Toro y Moi – Underneath the Pine

Chaz Bundick les saca varios cuerpos de ventaja a los otros aspirantes al trono del Chillwave (Neon Indian y Washed Out) con esta mezcla de sonido San Francisco setentero y sintetizadores de hoy. Vamos, nada que ya no os hayamos contado antes.



Manel – 10 Milles Per Veure Una Bona Armadura

Quizás Manel sea uno de los pocos grupos elegidos capaces de empezar un disco con trompetas medievales, acabarlo con un funeral de Nueva Orleans, dejarnos por en medio un puñado de letras memorables, pasarse los estribillos por el forro y dar una lección en cada concierto. Un disco que crece cada vez que lo escuchas.




nudozurdo – Tara, Motor, Hembra

Otros dignos representantes de lo que podríamos llamar “Indie sucio nacional”, nudozurdo nos traen un disco solidísimo, de canciones hipnóticas y guitarras que arañan, como tiene que ser, en hits incontestables como Prometo hacerte daño, Conocí el amor, El diablo fue bueno conmigo o este tremendo Prueba/error:

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Como hacer crac, el nuevo EP de Nacho Vegas

Como un clásico entre los clásicos, Nacho Vegas vuelve a la carga con un EP. Como hacer crac es el nombre de este formato corto, que como continuación de La Zona Sucia nos regala 6 nuevas (o no tan nuevas) canciones; Como hacer crac, Marquesita, La fiesta, En mi nueva vida, Relato de un error y Dos bandos son los temas que completan esta nueva obra.
En este último trabajo, aparte de incluir una portada diseñada por Pablo Errea, nos regala una serie de pinturas de Adolfo P. Suárez que viene a demostrar el gran interés que tiene Nacho en crear verdaderas y completas obras de arte.
Para los más fetichistas, se han lanzado 1000 copias en vinilo de 10″ que incluye también las mismas canciones en formato CD. Y para aquellos que de momento sólo quieren escucharlo de forma gratuita, pueden descargárselo de la página de RTVE.

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Girls – Father, Son, Holy Ghost

Vuelve después de su excelente debut el grupo de nombre anti-buscadores, formado por Chris Owens (cantante, compositor, guitarra) y Chet White (bajo, productor), y lo hacen por la puerta grande del pop clásico, en todos los sentidos de la palabra clásico. Porque “Father, Son, Holy Ghost” suena casi todo a años sesenta (excepto, quizás, Die, que suena a 1971. ¡Ah! ¡modernetes!). Da la impresión de que haciéndoles sólo unos pocos cambios podríamos llevarnos las canciones al pasado y deslizarlas sigilosamente en las discografías de los Orbison, Harrison o Lennon sin que nadie se diera mucha cuenta. El hecho de que no me haya muerto de vergüenza al citar a estos colosos del pasado da una idea de la calidad de las canciones de este disco. Porque también es clásico en el sentido de que al escuchar las canciones suenan a clásico instantáneo del pop, de esos donde se buscaba el estribillo adecuado, la estrofa redonda, el acorde perfecto. Un tipo de arte en el que lo más importante no es la originalidad (como tampoco lo es en la ceremonia del té o en las Grandes Novelas Americanas), sino ejecutar de la manera más perfecta posible una serie de pasos, con el sano propósito de estampar las canciones (o fragmentos de ellas) en tu memoria con la contundencia de un balón de fútbol-sala Mikasa. Recordaremos el ritmo saltarín de Honey Bunny, el brutal cambio de ritmo en mitad de Die, la guitarra georgeharrisonera de Myma, la desesperación contenida en el anti-single Vomit, el piano eléctrico al comienzo de Magic, los coros al final de Love Life o los cinco minutos de perfección pop de Alex.

¿Y de qué nos habla Chris Owens? Pues, como no podía ser de otra manera, de temas clásicos del pop: estar enamorado, sentirse destruido, querer destruirlo todo, estar perdido… Merece la pena comentar un poco aquí el pasado de Owens, alguien que creció en una secta desquiciada que no creía en el trabajo pero sí en mandar a los niños a que cantasen por ahí para sacar unos dólares, de la que escapó a los dieciséis años para vagabundear y sobrevivir con trabajos de mala muerte, para acabar llegando a base de auto-stop a San Francisco y recuperarse para la música y, en general, para la vida (cuenta bastante de esto en una entrevista larguísima, sorprendente y literalmente increíble aquí) Alguien cuyo hermano mayor murió de neumonía porque los de la secta no dejaron a su madre llevarlo a un hospital. Así que cuando Owens le canta a su madre, o habla de perdón, o de estar perdido en la oscuridad, sabemos que no se trata de un señor intentando sonar sensible sino de algo un poco más serio. Pero… ¡Uy, mira quién viene por ahí! ¡Si es Chris Owens haciendo el memo en Honey Bunny!

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I Break Horses – Hearts

Llega por fin el debut de I Break Horses y empiezan el disco con las dos canciones que ya pusimos por aquí, Winterbeats y Hearts, dos temazos candidatos desde ya a lo mejor del año, pura esencia shoegaze con esa mezcla de voz sedante y tormenta sónica tan My Bloody Valentine, y con ese feedback en Hearts que haría derramar una lagrimita de orgullo a los mismísimos Jesus & Mary Chain. El único problema de empezar un disco así, invocando a auténticos titanes del Olimpo Indie es que pones las expectativas por las nubes, y no son bajas las posibilidades de que acabes decepcionado, corriendo hacia tu habitación con las manos tapándote los ojos cual niña con tirabuzones y diciendo entre sollozos “¡Me lo prometisteis! ¡Habéis jugado con mis sentimientos!”. La cosa no llega a tanto. Wired también es una muy buena canción aunque parezca la hermana fea al lado de las otras dos, y después llega el inevitable descanso para respirar un poco y coger fuerzas con I Kill Your Love y Pulse. Con Cancer llega el punto más bajo del disco en todos los sentidos, demasiado descanso para un disco de 9 canciones, cruzando la fina línea que separa la evocadora melodía etérea del aburrimiento. Remonta con Load Your Eyes y sus teclados industriales, una más que decente Empty Bottles y acaba tremendo, ahora sí, con No Way Outro, una calma chicha que acaba en tempestad.

En la primera escucha, Hearts empieza como un tiro que hace que te prepares para aguantar el chaparrón que se te viene encima, pero te acaba dejando demasiado tiempo preguntándote qué coño haces con el paraguas abierto, si son cuatro gotas. Pese a eso, hay temas que ganan con las escuchas y que lo hacen un debut más que digno. Ponemos a nuestros ojeadores a seguir a este dúo sueco, aunque me da a mí que el siguiente disco va a tardar, ya que para éste volvieron locos hasta a seis productores en lo que debe ser una especie de record absurdo indie.

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Encuentre las siete diferencias

El próximo lunes 22 sale Hearts, el primer trabajo de I Break Horses, un duo sueco que promete muy mucho, shoegaze del bueno para paladares sensibles. Para ir abriendo boca, el primer video, Hearts, y otro video con un cover de la misma canción de Tom Rowlands (Chemical Brothers). Paisajes nórdicos y feedbackazo versus blanco y negro y electrónica contenida:

Bonus Track: el segundo video oficial tampoco está nada mal, una especie de Naturaleza Muerta versión siglo XXI

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Fur Voice – ONTO ENDO

Género: Electronica
Sello: Fur Voice
Fecha lanzamiento: 2011

Cuando uno pulsa play para escuchar ONTO ENDO su primera reacción es de sorpresa; “hombre, por fin algo diferente” piensa.

Fur Voice para los audiófilos, y David Gracia para sus más cercanos, ha plasmado en su segundo autoeditado un sello único, dónde el electricismo mas profundo aparece entre pads percusivos y voces bien meditadas, mezclando la gama de frecuencias con sonidos para muchos experimentales y otros conocidos.

Ha ha 1” es el preludio perfecto de 40 minutos de gratas y refrescantes experiencias auditivas.

El tempo en este proyecto es sumamente determinante. Sin entrar en tópicos cluberos tan presentes en el panorama electrónico, ha sabido generar las mismas sensaciones, corte por corte, que se podrían encontrar saltando en un festival avanzado, reduciendo los BPM’s a dos cifras.

Como en todo EP, los temas mas ligeros han sido colocados de manera excepcional, liberando a la mente de la rutina diaria para situarnos en una dimensión vocal rara en ocasiones pero agradable.

Termina “Cripta” con la sensación de haber disfrutado de una producción muy conseguida y con ganas de escuchar más de Fur Voice.

En los estudios de vilanoise pondremos el material que recibimos de Fur Voice en el stand de “imprescindibles”, esperando a que David y sus máquinas vuelvan a deleitarnos.

Sitio web

http://www.furvoice.com

http://furvoice.bandcamp.com

http://www.myspace.com/furvoice

http://twitter.com/FurVoice

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Metronomy – The English Riviera

Teniendo en cuenta que la primera palabra que a uno le viene a la mente cuando piensa en una playa inglesa es “bajonazo”, ¿puede un disco llamarse “The English Riviera” y ser luminoso y divertido? La respuesta es sí. Joseph Mount, líder de Metronomy, realiza aquí un salto mental con tirabuzón e imagina una costa inglesa glamourosa y cool, y, por qué no decirlo, hortera. Y es ese extraño equilibrio entre la horterada autoconsciente y la ironía por un lado, y el que las canciones son realmente buenas por otro, lo que le da a este disco un encanto especial y lo convierte en algo más que un conjunto de buenas canciones, esa mezcla de cachondeo en las formas y seriedad en el fondo que tan bien se le daba a La Costa Brava. Así, Metronomy empieza a repartirnos temazos como quien reparte caramelos, con un Everything goes my way popero y veraniego, o ese The Look que ya adelantamos en Vilanoise como los visionarios que somos, he aquí la prueba.

Ah, The Look… en un universo paralelo en el que el buen gusto y el criterio se le cayese a la gente por los bolsillos, esta sería la canción del verano, que se bailaría entre gin-tonics perfectos y agudos e ingeniosos comentarios. En realidad todo lo que pueda escribir sobre el espíritu de este disco se resume aquí:

Grandes, ¿eh? Pues aún queda Trouble, y queda el solo demencial de Casiotone de Loving Arm con la palanquita de los instrumentos puesta en “Fantasy” (¿puede haber algo más ochentero?). Queda Corinne, que dicen que si la oyes a todo volumen bajo la luna llena te salen hombreras talla XXL, se te carda el pelo y te pones a bailar con el paso adelante-atrás de los padres en las bodas, pero, qué demonios, de algo hay que morir; queda Some Written, con el instrumental final que me recuerda a lo más inglés que existe en este mundo: las musiquitas de los cursos de inglés; y queda acabar con Love Underlined, electropop casposo y bailongo que, como buena canción final, da ganas de volver a darle al play, de que no se acabe el disco, de que no se acabe el verano…

Bonus Track: videoclip ganador del premio especial del jurado en nosequé festival internacional:

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Intimo, con Green Couch Sessions

Desde Canadá nos llegan estos genios del contenido audiovisual con sus “Green Couch Sessions” para deleitarnos con los momentos íntimos de las bandas indie de tan tranquilo país.

Para esta primera entrega os proponemos a Timothy Jaromir, de padre checo y madre inglesa, viajó desde niño empapándose de la cultura y música de cada país que pisaba; hasta crear una mezcla de blues folk bastante brillante.

web: Green Couch Sessions

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Making of Efectos Visuales Chemical Brothers

En Vilanoise siempre nos hemos preguntado cómo demonios preparan The Chemical Brothers los efectos visuales para sus directos. Por eso nos hemos puesto manos a la obra para rescatar de la red dos videos que demuestran el trabajo que acarrea sólo esta parte de todo el montaje orquestado por los hermanos Rowland.

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Toro y Moi – Underneath the Pine

A finales de la década pasada, aparecieron discos (discazos) como el Psychic Chasms de Neon Indian, los EP´s de Washed Out o el Causers of This del mismo Toro y Moi con una serie de características comunes, así que al género se dieron los nombres de Chillwave, Hypnagogic Pop o Glo-Fi. Curioso que haya un género con casi tantos nombres como grupos que lo practican, es lo que pasa cuando le prestas a algunos críticos musicales la maquinita de poner etiquetas. Como en Vilanoise no vamos a ser menos, aquí está nuestro nombre: el Coge los Sintetizadores y las Maquinitas que nos Vamos a la Playa (CSMVP). Pero no es una música de chiringuito churretoso en plan Sonia y Selena, ni de Sol abrasador y actividad frenética como el surf de los primeros Beach Boys, sino más bien de puesta de Sol con poca (y buena) compañía al final del verano, o de la nostalgia de esa puesta de Sol.

En Underneath the Pine, Toro y Moi (o, lo que es lo mismo, Chaz Bundick) parece que se deja alguna maquinita y se mete más en la playa. La intro shoegaze para despistar da paso a New Beat, bastante funky y de lo poco realmente bailable del disco, donde ya empiezan a aparecer la armonías vocales que serán una constante. Y a partir de la cuarta canción, Divina, una maravilla de instrumental que recuerda a lo mejor de los Flaming Lips, es donde Toro y Moi pone la velocidad de crucero hasta el final del disco y nos empieza a regalar un buen puñado de canciones de una belleza lánguida, como de California a finales de los 60, pero al mismo tiempo sonando a siglo XXI, oscilando la balanza entre el pop clásico (Before I´m Done) y los jugueteos electrónicos que acaban devorando genialmente Light Black,  pasando por coros que se te quedan en la cabeza durante días como en Got Blinded. Como una canción vale más que mil palabras, ahí van dos:

Toro y Moi – Still sound

Toro y Moi tocando en directo Light Black:

Vale, quizás no haya en este disco ninguna canción que rompa las pistas de baile, pero qué bien sonará en una terraza con una cerveza bien fría, ahora que viene el buen tiempo…

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